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domingo, 25 de agosto de 2013

El corazón de Yenín

Magnífico documental de La Noche Temática sobre el niño palestino, asesinado por soldados israelíes, que donó su corazón a una niña judía. En evidencia, lo absurdo de una infranqueable imposición histórica con la que se nace, y que desgraciadamente solo deja de existir cuando, en el rostro enemigo,aparecen unos ojos inocentes como estos.


http://www.rtve.es/alacarta/videos/programa/noche-tematica-corazon-yenin/1114575/

lunes, 11 de marzo de 2013

Tres reseñas


Al Berkowitz, A Long Hereafter/ Nothing Beyond

Suenan a Oklahoma, pero son tres madrileños de pura cepa y en la misma capital han engendrado esta obra maestra, exenta de cualquier etiqueta predefinida. Este disco es un cerebro en ebullición, y sus hemisferios constituyen un maremágnum de colores psicodélicos a lo Pink Floyd. Por sus conexiones neuronales, navega una pizca de jazz, otra de crispado rock progresivo y muchos tintes experimentales. Su sonido fluye como una lava sólida, y va mutando a lo largo del álbum. Ahora entendemos esos tres años de silencio: un tiempo insuficiente para diseñar de forma tan meticulosa una base muy melancólica y, a veces, desquiciante.



Josh Ritter, The Beast In Its Tracks

Que es un compositor a lo grande, ya lo intuíamos. Que se ha divorciado de la también cantautora Dawn Landes, lo ha gritado él mismo a los cuatro vientos. Ahora, además, nos lo canta. Es el álbum con las letras más confesionales que ha generado nunca. Entre composiciones educadas y austeras, encontramos apologías al caos de las emociones y a la caída libre que sigue a una ruptura. Aún así ya ha pasado un tiempo, en el que Ritter ha enderezado su timón. Ahora navega en aguas serenas y, como resultado, emerge un disco que podría ser menos frío y sensato, pero aún vislumbramos lógicos ecos de tensión en un relato tan autobiográfico como universal.



Palma Violets, 180
La prensa británica estaba expectante ante el retorno de sus nuevas estrellas Indie. Y es que son ellos quieren han heredado el hype de los Libertines, simbolizan el resurgir del Brit Rock. Puede que en una primera escucha sus melodías nos suenen a algo ya muy machacado y hecho polvo, pero para todos aquellos que añoren el rock alternativo de los 90, he aquí los perfectos sustitutos de los Smiths o los Strokes, ahora que están al borde de la desintegración. Una buena cuadrilla de pop londinense que podríamos comparar, por suerte o por desgracia, con innumerables grupos más. 



jueves, 3 de enero de 2013

1989 'El Séptimo Continente' (Michael Haneke)

"No odio en modo alguno el cine comercial. Es perfectamente lícito. Hay mucha gente que necesita evadirse porque quizás atraviesen situaciones personales difíciles. Pero eso no tiene nada que ver con una manifestación artística. Una manifestación artística está obligada a confrontarte con la realidad". Michael Haneke.



'DER SIEBENTE KONTINENT'


     La tragedia de lo cotidiano. Peregrinamos por el mundo sumidos en escenas absurdas, que se repiten, en un engranaje maquinario y maquiavélico, perdidos en la gran ciudad. Cuando desayunamos, cuando trabajamos, cuando vamos al supermercado, cuando tenemos que deternernos a saludar a conocidos, y cuando ponemos en marcha cualquier tipo de relaciones (e inútiles convenciones) sociales... Perpetuamente nos vemos envueltos en una sucesión de primeros planos que, desde luego, no son extraños, se repiten de forma cíclica e inerte, y el maestro Haneke lo sabe de sobra. En esta película decide cogerlos y ponérnoslos delante de nuestras narices, para que nos demos cuenta durante 104 minutos, de que nuestras vidas son idénticas. Idénticamente irracionales. Plagadas de esfuerzos diarios, mensuales, anuales y vitales que nos conducirán solo a una meta: la muerte. 

     Haneke nos lanza una pregunta: ¿Merece la pena este paseo distraído y cansino por una vida vulgar e irrelevante? Y después de hacernos esa pregunta, justo a continuación, nos mata. Y es que nadie como el maestro puede hacer un disparo psicológico tan certero hacia él mismo, hacia ti, hacia mí y hacia todos nuestros clones occidentales. Es el genuino terrorista cerebral. 





     El Séptimo Continente es el clímax de las obsesiones existenciales que asaltan de  madrugada a cualquier ser humano mínimamente consciente de su condición. Obsesiones narradas con tal firmeza y desencanto, que te abruman, te dejan sin palabras, sin sueño, desprovisto de todo aquello que puede aferrarte a la felicidad, con un enorme agujero en mitad de las entrañas. Aunque, a la mañana siguiente, puede que la rutina, la actriz principal de este film, precisamente ella, logre evadirte de este horror vacui.

     Y es eso, un miedo al vacío, un miedo a la impasibilidad con que Haneke parece aceptar la desdicha humana. No batalla, ni deja ver un atisbo de cólera, sólo acata el infortunio con resignación. Te deja solo con esas circunstancias insondables que tú no elegiste al nacer. Te deja consumiéndote a fuego lento en la pócima de la vida y la muerte, hastiado, con los ojos en blanco y plenamente consciente de tu alienación. Los personajes ceden suavemente al pulso de la muerte, al Tánatos, decía Freud, el deseo de abandonar la lucha de la vida y volver a la aquiescencia y la tumba. En 1920, dijo que la vida es fuente de dolor, desorden, caos y tensión, y la muerte sirve para llegar a ser. Y ahora dime, ¿quién se atreve a discutir al híbrido Freud-Haneke?




     Y de pronto llega el final de la película. El mayor bofetón a esta civilización que he visto en años. Convenciones sociales absurdas, bienes materiales, búsqueda de un trabajo estable, mientras pisamos, queriéndolo o no, la cabeza de la otra mitad del planeta... ¿Qué merece la pena? Y, además, ¿Qué podemos vislumbrar tras el hecho innegable de que la felicidad vital no conoce de dinero ni posición social? ¿Existe acaso un estado de prosperidad imperecedero en algún espíritu?

     Mira tu vida, todo es una farsa, mira lo que haces, mira cómo vives, mira tus derechos, mira tus deberes. Eso te dice Haneke. Y después coge y se va, sin responder nada. Y es que ni siquiera él, más propenso a percibir la materialización de la despiadada realidad que cualquiera de nosotros, tiene un veredicto sobre qué coño hacemos en este mundo recurrente y sistematizado.





Y es que ya lo decía Goethe, el genio alemán:

No lo digáis a nadie,
sino a los sabios, porque la masa enseguida se burla
y yo quiero alabar a ese ser viviente
que anhela la muerte en las llamas.
En el frío de las noches de amor
que te engendró allí donde engendraste,
te invade una extraña sensación
cuando alumbra la vela tranquila.

Ya no permaneces abrazada
en las tinieblas de la oscuridad
y un nuevo deseo te impulsa
hacia una más elevada unión.

Ninguna distancia te complica;
llegas volando, desterrada
y al final, ávida de luz,
tú ardes, mariposa.

Y mientras no puedas tener esa luz,
escucha esto: ¡muere y llega a ser!
Tú eres sólo un triste huésped
sobre la tierra oscura.
[...]



jueves, 29 de noviembre de 2012

Philip Roth, Elegía


  • «La religión era una mentira que él había reconocido como tal en su adolescencia, y todas las religiones se le parecían ofensivas, y consideraba sinsentido e infantiles sus disparates supersticiosos; no soportaba su falta absoluta de madure
    z: el lenguaje pueril, la rectitud, el rebaño, los ávidos creyentes. No aceptaba las mistificaciones acerca de la muerte y de Dios ni las obsoletas fantasías del paraíso. Sólo existían nuestros cuerpos, hechos para vivir y morir de acuerdo con unas condiciones decididas por los cuerpos que habían vivido y muerto antes de nosotros».

ELEGÍA, PHILIP ROTH





martes, 20 de noviembre de 2012

Las agencias de calificación: ese gran desconocido.


¿Quién se esconde tras las agencias de calificación? ¿Cómo funciona una agencia de rating? ¿Qué es la triple-A? ¿Por qué estas entidades privadas tienen tanto poder en los asuntos públicos? ¿Qué determina realmente que su calificación sea positiva o no? Si quieres responder todas estas preguntas, échale un vistazo al informe que he realizado sobre el tema. Pretende ser riguroso y bien documentado, espero que os sirva para adentraros un poco más en el mundo de la Santísima Trinidad: Standard & Poor's, Moody's y Fitch:


agencias

jueves, 15 de noviembre de 2012

Esto no funciona así

Este post comienza con abucheos, insultos, gritos, pitidos, burlas, agravios. Eso es lo que tristemente presencié ayer en la manifestación del #14N.  Yo fui, para que Rajoy no me felicitara, y para no hacer gala del pasotismo labriego made in Spain. Allí estaba, contagiada por el optimista fervor de miles y miles de jóvenes (y no tan jóvenes), que están tristes y frustrados, pero ayer estaban felices porque, bueno, mal de muchos consuelo de tontos. Y a veces uno se harta de pensar si habrá trabajo en 2013 y sentir arcadas.

Pero lo que hoy nos compete son los abucheos y demás sinónimos. Allí estaba yo, sonriendo, cuando de repente, algo me consternó. Había un cámara y una periodista joven, que trataba de hacer un stand up (eso es cuando el periodista informa desde el lugar de los hechos, para los no parlantes de la jerga). Trataba, pero no lo conseguía, porque alrededor de ella se formó un círculo enorme de gente rabiosa, que odiaba a aquel cámara y a aquella periodista con todas sus ansias, que casi les gritaban al oído (y no eran Intereconomía, ni nada similar). Pero esto no funciona así.

Lo peor del asunto es que no sólo entiendo, sino que comparto el odio vengativo de todas aquellas personas. Pero, vayamos al núcleo del problema. ¿Quiénes eran aquel cámara y aquella periodista que sujetaba el micrófono? Pues no tengo ni idea, eso es lo que más me abrumó. Ver su cara de angustia y desconcierto. Porque conozco a muchos periodistas, con grandísimos valores morales y políticos (valga la redundancia, pues, de lo contrario, la política no habría de ser tal), que trabajan para medios que abucheamos, que ni pinchan ni cortan. O sí, pinchan, cortan, pegan y editan lo que les mandan desde la bola blanca de la estratosfera. Unos cuantos Felix Baumgartner, que ocultan la corbata bajo la indumentaria de astronauta, pero el dedo ordenancista  queda bien visible.



'¡Pues que se rebelen!', '¡Pues que no accedan!'. Sí, sería lo mejor, sin duda. Pero, ¿qué harías tú si después de terminar la carrera, nadie te quiere? Los periodistas graduados, los que hemos aprobado todas las asignaturas y hemos puesto el título en la estantería a echar polvo, tenemos los mails abarrotados de mensajes de webs de empleo. Abres uno: '¡Mira este! ¡Tiene buena pinta!'. Entras: 'Imprescindible convenio entre empresa y Universidad'. Llamas a la Universidad: 'Lo siento, alumno/a, ya no tienes nada que ver con nosotros, no podemos ayudarte'. Llamas a la empresa en cuestión: 'Lo siento, becario/a, si no hacemos un convenio con tu Universidad, no podemos hacer que trabajes para nosotros gratis, así que no nos interesas, porque no concebimos otro contrato distinto al basura para ti'. La empresa no te dice eso, no, pero lo piensa. Y no te lo dice, de momento, ¡de momento!, porque las evidencias lo son cada vez más, y la sutileza se encuentra en paradero desconocido. Incluso conozco varios casos de profesores que les han dicho a los alumnos que dejen alguna asignatura pendiente, para poder, así, trabajar.

Pues eso, los más avispados os habréis dado cuenta, de que en realidad no vengo aquí a denunciar los agravios, vengo a denunciar al periodismo. Esa profesión que empecé hace cinco años, en la Universidad, visualizándome cada día con una gabardina, pipa en mano, y contándole a la gente cosas importantísimas, que, sin mi aportación, jamás verían la luz. La cosa ya empezó a descuadrarse en el primer año de carrera, donde empecé a ver que en vez de asignaturas relacionadas con valores políticos, humanos, morales, sociales (y dale con los sinónimos), nos enseñaban a escribir con 'b' y con 'v'. En periodismo. Muy bien. Ahora, sales de la Universidad y, como ya presuponen que sabes distinguir entre 'b' y 'v', te enseñan a escribir en neolengua: un idioma muy útil. Tanto, que si Orwell levantara la cabeza, vería su '1984' extremadamente desfasado.

¿Qué? ¿qué no tengo nada que decir sobre las carreras que nos pegamos ayer de la policía? ¿Que no tengo nada que decir de la represión dictatorial? Creo que aún estoy hiperventilando, y tengo que reflexionar. Lo vivido ayer es impensable, cada día se superan más las cosas, cuando creías que lo habías visto todo. Muchos siempre decimos que 'con violencia no se consigue nada', pero estamos viendo que sin ella tampoco, y me pregunto de qué hablamos cuando hablamos de progreso. Y me pregunto en qué piensan los que llaman 'demagogia' a una comparación entre lo que está ocurriendo ahora y lo que ocurrió en cualquiera de los episodios dictatoriales que Europa ha vivido en el siglo anterior. Me pregunto muchas cosas, y me frustro porque no obtengo respuestas. ¿Tú las tienes? Esto no funciona así, ¿verdad?

"El momento decisivo del desarrollo humano es perpetuo. Por ello llevan razón los movimientos revolucionarios intelectuales al explicar todo lo anterior como nulo, pues aún no ha ocurrido nada". Meditaciones, Kafka.

miércoles, 25 de abril de 2012

15M, Un aniversario, un disgusto.


12 de mayo de 2012. Un año después. Un aniversario que para todos es disgusto: para los de arriba, porque se repite; para los de abajo, porque se tiene que repetir. Muchos de los que estuvieron allí aquel 15M, ofreciendo su tiempo y su vida; muchos de los que experimentaron aquel nerviosismo colectivo, transformado en entusiasmo o en impotencia, volverán.


La sensación de que algún día pertenecimos a la fotografía de un terrible diagnóstico social nos empujará allí de nuevo. La situación se ha torcido aún más de lo esperado, pero el convencimiento de poseer la razón es demasiado fuerte. Mostramos que otro mundo era posible, que la realidad, antes tan firme, era de repente susceptible de ser modificada. Nadie esperaba ese despertar tan contundente, nadie esperaba la #Spanishrevolution cuando sólo eran unas cuantas letras propagándose por las redes sociales. Pero sucedió.

Salimos a las calles, con ideas claras pero pasos temblorosos. Sin ser conscientes de que la unión de todos aquellos pasos, atravesando una España árida y nada esponjosa, formaría un importante capítulo de la historia. Sin pensar que algún día, entre canas y acopios de recuerdos, miraremos hacia atrás, quizá con amargura pero jamás con remordimiento.



El próximo mes las rosas volverán a contemplar al sol con nuevos anhelos: más tristes, más indignados y, paradójicamente, un punto más próximos a la resignación. Y no porque creamos que nuestras acciones sean erróneas, o no posean unos fuertes cimientos intelectuales que las colmen de motivos, sino porque hemos sido insultados, humillados y difamados hasta la saciedad. Políticos, pudientes y medios de comunicación continúan poniendo diques con espinas, en pos de intereses propios y ambiciosos.

Quizá muchos de nosotros podamos disfrutar de una casa, de muchas garantías, de una lógica calidad de vida. Pero cuando hablamos de crisis, no es tal, sino estafa. Fraude, engaño, timo, robo. ¿Qué ocurriría si vuelves del supermercado con dos barras de pan y un extraño con traje y corbata arranca la mitad de una y se la come? Pues imagínate si, con complejas triquiñuelas, se hubiera llevado directamente la bolsa, tu cartera, tus ahorros, tu trabajo, tu casa....Y tu vida.



Puede que el trasfondo humano sea tan triste que sólo podamos llegar a la empatía a través de la imaginación. Si es así, empleémosla. Imaginemos lo que no vemos, materializemos lo latente: fajos de billetes, ojos llorosos; puestos de trabajo comprados con susurros, maletas en la puerta del que era tu vecino; compra de armamento militar, civiles acribillados en una masa homogénea de anónimos; rostros suplicantes, sangre y gases lacrimógenos; bocas hilvanadas, títeres de los que cuelgan las palabras, formando frases tan bellas como jeroglíficas. Formando pura neolengua.